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El mundo ya concretó un proceso de globalización económica, abatiendo las fronteras para permitir la libre circulación de mercaderías. Los capitales, a su vez, se instalan en cualquier país que ofrezcan mejores condiciones para optimizar su rentabilidad. Pero no ocurre lo mismo con los trabajadores. Por el contrario, en los llamados países desarrollados se imponen, cada vez más, trabas a los migrantes de otros países, en algunos casos en un marco de xenofobia y racismo inéditos.
Autor: Luis Enrique Ramírez